8/04/2011

Yo estaba ahí, Presidenta

La casa, más rosada que nunca



El 21 de julio por la tarde, la Casa Rosada era el escenario de un hecho inédito. Decenas de gays, lesbianas, travestis y transexuales hacían fila para entrar, con banderas y pines con los colores del arco iris. Adentro, los ministros se sacaban fotos con quienes nunca se habían imaginado que estarían allí algún día y, en las primeras filas, en vez de empresarios, sindicalistas, militares o políticos, había putos, tortas y travas.


La escena hubiese sido tan impensable años atrás que no alcanzaba a ser ni siquiera un sueño: en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos, rodeada de fotos del Che, Bolívar, Sandino, Artigas, Evita y Perón, entre otros, una presidenta mujer promulgaba la ley de matrimonio gay. En realidad, ya durante el debate había dejado de ser «gay» y pasó a ser «igualitario», una invención del equipo comunicacional del Gobierno que cambiaba el sentido de la designación: en vez de marcar la diferencia, ponía el acento en la igualdad. Lo que pasaría a ser igualitario era el matrimonio. No el «gay» ni el «heterosexual», sino el matrimonio, ya que ahora era para todos. Y éramos parte de ese «todos». 


Junto a la Presidenta, la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos. También otros mandatarios, el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, y todos los ministros, con el pin con la bandera del arco iris en sus trajes. Y, observando de cerca, el ex presidente Néstor Kirchner. También estaban presentes varios actores, actrices y músicos que habían participado de los videos de apoyo a la ley, madres, abuelas, organismos de derechos humanos, referentes sociales y el director teatral Pepito Cibrián, más marica que nunca, como todos. La sala estaba repleta y, cuando Cristina estampó su firma en el decretó, estalló: «¡Igualdad! ¡Igualdad!».


—No hemos promulgado una ley, sino una construcción social y, como buena construcción social, es transversal, es diversa, es plural, es amplia y no le pertenece a nadie, sino a quienes la construyeron: la sociedad —dijo la Presidenta, políticamente impecable. También aseguró que, en algunos años, el debate que se había dado en esos días resultaría anacrónico, y recordó que había habido senadores que habían votado contra la ley de divorcio con argumentos similares a los usados contra el matrimonio gay y, tiempo después, se habían divorciado. Y ahora, inclusive, estaban de acuerdo con esta reforma. 


Cuando terminó el acto, la gente no se quería ir. Hubo un largo rato de festejos y fotos, con cámaras y celulares, en el salón de la Casa de Gobierno. Cristina también se sacaba fotos con todos y en un momento vio a Martín y Carlos, posó con ellos con la libreta roja y le dijo a Carlos:


—¡Yo también me quiero casar con vos!


Uno de los noteros de CQC, que escuchó el comentario, le dijo a Martín


—¿Se viene el primer divorcio gay?


—No —intercedió Carlos—. No tenemos por qué separarnos; podemos integrarla.


—Che, dejame que derrape yo, que es mi trabajo —le dijo entre risas el periodista. No había protocolo, ni pudor; no importaba nada. Era una fiesta. Nuestra fiesta. Salimos de la Casa Rosada y tardamos varios días en aterrizar y darnos cuenta de que era en serio.


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Fragmento de mi libro "Matrimonio igualitario. Intrigas, tensiones y secretos en el camino hacia la ley" (Planeta, 2010), que podés comprar, por ejemplo, acá o acá (el libro impreso), y también, en formato digital, acá.

2 comentários:

Anónimo dijo...

"No había políticos ni sindicalistas sino putos, tortas y travas".

Te cuento que también hay políticos y sindicalistas homosexuales, eh, en todo caso lo que había ese día eran militantes de ONG de diversidad sexual.

Bruno Bimbi dijo...

Lo estás tomando muy literalmente, anónimo. Claro que había políticos ese día, y también sindicalistas. Y claro que hay políticos y sindicalistas gays y lesbianas. El libro habla de eso. Ese pasaje es, si querés, un fresco de la escena, trata de mostrar que la composición del auditorio era, ese día, bastante inusual para lo que suele ser un anuncio en Casa Rosada y que por primera vez, había en las primeras filas gente que nunca se hubiese imaginado estar ahí.