9/20/2009

Brutales agresiones contra un joven transexual en Isidro Casanova

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“Acá la gente ni siquiera
entiende lo que soy”


POR BRUNO BIMBI

“Discriminación hay en todas partes, pero esto no es como Capital. Acá en La Matanza las cosas son diferentes”, dice Ian Breppe, y su pierna enyesada, sus tendones rotos y sus hematomas lo confirman. Ian sabía que no es lo mismo ser gay o lesbiana en Callao y Santa Fe que transexual en Isidro Casanova, pero pensó que podía volver al barrio y reabrir la bicicletería del viejo en Marconi y Ruta 3. Sin embargo, los vecinos le demostraron que no, que no puede.

“Encima de ser transexual, estoy al frente de un negocio haciendo un laburo ‘de hombre’, y eso es demasiado raro para ellos. Acá la gente no entiende lo que soy y les choca. No es que los justifique”, aclara, con la misma voz pausada y tranquila con la que hablará durante toda la entrevista. También aclarará que no hubo motivos para lo que le hicieron, como si hiciera falta explicarlo, como si pudiera haberlos.

Todo comenzó en 2001, mientras el país se volvía loco y los presidentes pasaban uno atrás del otro. Ian estaba en España. Había viajado tres meses atrás con la ilusión de empezar una nueva vida allá, trabajando de fotógrafo y esperando los papeles que le permitirían ser legal. Aprovechando la legislación española, avanzada en el respeto a la diversidad sexual, quería operarse. En eso estaba cuando la vieja llamó y avisó que el viejo tenía cáncer. “A papá le quedaba poco tiempo de vida y yo decidí que quería pasar ese tiempo a su lado”, cuenta. El viejo murió y la Argentina explotaba en cada esquina. Pero Ian no tenía cacerolas, ni plazo fijo: en el corazón del Conurbano, el problema era no conseguir laburo. Así que, junto con Andrea, su pareja, se hicieron cargo de reabrir la bicicletería que Ian había heredado del viejo. Subieron la persiana y apostaron. No sabían la que les esperaba.

“El primer problema fue con el carnicero. Tuvimos una discusión menor, porque me ponía siempre el camión enfrente del negocio, y yo fui a hablar con él, de buena forma, pero me respondió con insultos, haciendo referencia a mi sexualidad. Luego de los insultos vino una trompada”, recuerda. Fue a la comisaría e hizo la denuncia, pero no pasó nada.

El grupo de chicos que se reúne en la plazoleta del barrio, desde que lo vieron, empezaron a burlarse de él. Al principio, eran sólo insultos y burlas. Son pibes, pensó. “Un día uno de ellos vino a pedirme prestada una herramienta. Yo no se la podía prestar en ese momento, y reaccionó en forma violenta cuando se lo dije. Empezó a insultarme y a decirme: ‘a vos lo que te pasa es que querés ser macho y te gustaría tener una como ésta entre las piernas’. Desde ese momento, comenzó un ensañamiento”, dice Ian, y asegura que nunca le había pasado algo así.

“Son un grupo de pibes de entre 25 y 30 años que siempre venían a arreglar la bicicleta. A mi viejo lo conocían porque fue durante treinta años el bicicletero de la zona. Pero no entienden qué soy, porque acá nadie sabe lo que es un hombre transexual. De hecho, no me insultan por transexual, sino por lesbiana, porque así me catalogaron de entrada. No entienden la diferencia entre una cosa y la otra. Una amiga me contó que hablan sobre mí y dicen que no saben si soy un hombre o una mujer”, explica.

—¿Cómo fue que de los insultos pasaron a la agresión física? —preguntó este diario.

—Después del enojo de este pibe, un día vinieron con palos, rompieron la vidriera y nos pegaron a mi pareja, a mí y a un amigo que estaba con nosotros. Yo llamé al 911 y vino un patrullero. Después de hablar con el policía, le pregunto si lo acompaño a la comisaría para hacer la denuncia y me dice que no, que se van a comunicar. Como no lo hacen, llamé yo, pero me decían que no me podían tomar la denuncia porque no tenían la planilla del 911.

—¿Qué hiciste entonces?

—Llamé al INADI y ellos se comunicaron con la comisaría para preguntar por qué no me tomaban la denuncia. La persona que los atendió les dijo que fuera al día siguiente, que me la iban a tomar, pero cuando fui me dijeron que no podían hacerlo porque los chicos que me habían agredido habían hecho una denuncia contra mí por riña callejera. Me quedé esperando a que me llegara una citación, pero al final supe que era todo mentira, que no había ninguna denuncia.

—¿Continuaste teniendo problemas con estos chicos?

—Sí, pero el problema más grave fue con el panadero, que es amigo de estos pibes. En abril de este año, un día, por la mañana, yo iba a abrir el negocio y el tipo empieza a insultarme de la nada. No sé realmente cómo pasó todo, fue un instante y de repente me estaba insultando como si yo le hubiera hecho algo, siempre haciendo referencia a mi sexualidad. Yo no podía creer que me estuviese pasando eso otra vez.

—¿Y qué hiciste?

—Quise hablar con él... ¡Yo siempre queriendo hablar! Pero ahí me empezó a pegar. Estaba sacado, me empujó, empezó a golpearme y terminé en el hospital con los tendones rotos, la pierna enyesada y todo lastimado.

—¿Esta vez te tomaron la denuncia?

—Vino un patrullero y hablaron con el panadero, pero no lo detuvieron ni hicieron nada. Cuando salí del hospital, tres días después de la operación, fui a la comisaría en taxi, porque estaba en silla de ruedas. Me tuvieron cuatro horas esperando y finalmente me tomaron los datos pero no registraron la denuncia. En realidad, usaron mis datos para completar la denuncia que hizo el panadero contra mí por amenazas y daños, de modo que yo terminé siendo el único imputado. Me di cuenta que la policía estaba arreglada con ellos, así que busqué un abogado. Fui a hacer la denuncia nuevamente y esta vez sí me la tomaron pero la caratularon mal, por discriminación, cuando en realidad mi denuncia era por lesiones. La fiscalía la desestimó y volví a presentarla, esta vez por escrito y directamente en la justicia.

Este diario se comunicó con la comisaría del Distrito 2 de La Matanza (ex comisaría 21º San Carlos) y habló con la oficial Vázquez, quien luego de escuchar atentamente el motivo del llamado reconoció que estaba al tanto de la situación, pero afirmó que no podía brindar ningún tipo de información, ya que el tema está en manos del subcomisario Rubén Suárez, que no estaba.

—¿Usted podría confirmarnos si existe alguna denuncia en esa comisaría contra Ian Breppe, o alguna denuncia suya contra las personas que lo agredieron? —preguntó este diario.

—No le puedo dar esa información.

“No vamos a permitir que continúen estos hechos de violencia ni que sigan avasallando nuestros derechos”, afirma Diana Sacayán, dirigente de las travestis matanceras del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación, que está brindando asesoramiento y ayuda a Ian desde que ocurrieron los hechos. Sacayán destaca que no es el único caso reciente de violencia contra la población trans de La Matanza: “Las compañeras travestis que ejercen la prostitución han sido atacadas por desconocidos y tenemos una compañera, Yohana Robledo, que se presentó como testigo de un crimen y terminó detenida. Todavía sigue en la cárcel, sin ninguna causa. Es como una película”. Por todo ello, el próximo 2 de octubre planean movilizarse a partir de las 13 horas en la plaza San Justo, donde realizarán un acto y una feria cultural.

“A partir de todo esto, conocí a otra gente que pasó por las mismas cosas y estamos movilizándonos contra la discriminación”. dice Ian, que sigue viviendo en la bicicletería, aunque no volvió a abrirla. “No tengo casa propia, porque soy pobre, por eso vivo en el negocio”.

—Después de lo que pasó, ¿pensás quedarte ahí?

—Trabajar en la bicicletería, no tengo más ganas. Yo no quedé bien después de estas agresiones. Fue horrible, me cortaron un tendón, tuve que estar en cama, quedé muy sensible y estoy mal. Pienso seguir adelante con la denuncia y espero que la justicia actúe. Pero aunque ya no abra la bicicletería, no quiero irme del barrio por esto. Si más adelante me voy, que sea por decisión mía, no porque me obliguen a irme por ser transexual.

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3 comentários:

Anónimo dijo...

Tuve un fuerte ataque de clasismo, pero "las fuerzas vivas" de I. Casanova que atacaron a Ian votaran al peronismo o a la Carrio? :P

Bruno Bimbi dijo...

No lo sé. ¿Acaso importa?

Diva dijo...

Que bronca e impotencia da todo esto. Al fnal estamos todos desprotegidos, obvio que algunos más que otros. Me pregunto,¿habrá algo que podamos hacer?? Digo todos, como sociedad, como seres humanos sin importar si somos homo, trans, bi o no.
Estoy triste.-