POR BRUNO BIMBI
A mediados de 1914, el Teatro Novedades, ubicado en la calle Rosario de Santa Fe 272, Córdoba capital, recibía la visita de Carlos Gardel, quien se presentaba junto al guitarrista José Razzano, acompañando a la compañía de teatro Vittone – Pomar. Con actuaciones del 11 de julio al 3 de agosto de ese año, sería la primera visita a Córdoba del Zorzal, quien aún no había alcanzado el éxito que lo transformaría en un ícono indiscutido de la cultura nacional. Cuentan que en el hotel donde se hospedaba, Gardel entabló un diálogo con un joven estudiante de odontología, hijo del propietario del establecimiento, y le dijo: “Recibite de odontólogo, pibe, y no hagas como yo, que me tengo que ganar la vida cantando de lugar en lugar”. En 1919, Gardel y Razzano volverían a la provincia como “los reyes del fonógrafo”, con más fama y varios discos, y actuarían en el Palace Theatre. Pero el Teatro Novedades pasó a la historia provincial como el que los recibió por primera vez.
Fundado a finales del siglo XIX, este palacio de diseño barroco contemporáneo recibió a grandes celebridades del mundo artístico y musical pero, como tantos otros teatros y cines tradicionales, llegó a nuestros días obligado a reciclarse para sobrevivir. Luego de haber estado cerrado y de que otros emprendimientos fracasaran, en mayo pasado fue reinaugurado como “espacio multifuncional” que combina discoteca y sala de eventos culturales y empresariales. Las obras de remodelación comenzaron en 2000, tuvieron un freno luego de la tragedia de Cromañón, que afectó a todos los emprendimientos de ese tipo, y finalmente se completaron en 2008, cuando fue reinaugurado con bombos y platillos. El empresario Sebastián Srur declaró haber invertido más de 300 mil dólares para remodelarlo y lo abrió rebautizado como Studio Theater: “Los viernes y sábado va a funcionar como una disco y en el hall de ingreso contará con un restaurante de comidas ligeras y bebidas premium. Durante los días de semana, va a ser utilizado para diversas exposiciones culturales”, anunció antes de la reapertura en declaraciones a un medio local.
El viernes de la semana pasada, un grupo de amigos gays decidieron festejar un cumpleaños en Studio Theater. Después de la actuación del grupo de rock “Cable a tierra”, los chicos se acercaron a la pista principal a bailar y brindar, pero de repente, según denuncian, fueron increpados por personal de seguridad del boliche. “Este es un lugar de promoción y ustedes le dan mala imagen”, afirma Ezequiel Méndez que les dijo el patovica que los acompañó hasta la puerta. Eran las cuatro y media de la mañana y la fiesta se terminó para ellos. Sin más explicaciones, los obligaron a salir a la calle.
Ezequiel es coordinador de la filial cordobesa del grupo Cóncavos y Convexos, una organización LGBT del Movimiento Humanista, integrante de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans. El grupo emitió una declaración de repudio contra la discriminación en la disco: “¿Acaso no somos seres humanos con derecho a salir a divertirnos bailando y festejando un cumpleaños sanamente como cualquier otro?”, se preguntan.
“SE ESTABAN DANDO UN BESO”. La versión de Julio Srur, hermano de Sebastián y responsable del boliche, contradice el relato de Ezequiel, pero el diálogo del encargado con el cronista de este diario tuvo un giro sorpresivo cuando un comentario que él pensaba que no se escucharía se filtró del otro lado de la línea. Las explicaciones que vinieron después, corresponderá al lector evaluarlas.
Al principio de la conversación, Srur afirmaba no saber lo que había pasado. Preguntó la fecha, pensó y, cada tanto, consultaba a su secretaria. En seguida, negó que lo que denuncia Ezequiel pudiese haber acontecido en su boliche: “Eso sería discriminación. Nada que ver. Acá tenemos gente gay trabajando y todo. No somos así”. Sin embargo, mientras dialogaba con el cronista, su secretaria, en voz baja, le comentó algo; “¿Por qué fue?”, le preguntó Srur; “Porque Segio los vió que se estaban besando en el pasillo”, le respondió ella.
—Eh... Yo... Dejame que averigüe a ver qué pasó... —dijo entonces Srur, retomando la conversación telefónica.
—Escuché lo que dijo su secretaria —le aclaró el cronista.
—Eh... (risas) Está bien, escuchaste —respondió Srur—. Yo me estoy enterando recién de lo que pasó. Nosotros no hacemos eso. Me dicen que hubo problemas, pero el encargado de la puerta que los sacó ahora no está... Pero no fue por eso que los sacaron. El problema es que yo no estaba para explicarte lo que pasó.
—Pero su secretaria acaba de explicarlo...
—Pero no debe haber sido así. No vamos a sacar a una persona por besarse con otra. Hubo un problema... algún tipo de problema, pero no te puedo informar ahora. ¿Podés llamarme en media hora? —preguntó el encargado del boliche, dando por finalizada la conversación.
“ESTABAN CASI SEMIDESNUDOS”. A la media hora, este diario volvió a comunicarse con el mismo número. Pero el diálogo, esta vez, fue diferente. Srur atendió e, inmediatamente, le pasó el teléfono a otra persona, sin pronunciar ni media palabra.
—Buenas noches. El sargento Ferreyra le atiende, ¿quién habla?
Ferreyra explicó que era sargento de la policía cordobesa y trabajaba en la seguridad del local.
—¿Dentro del boliche? —quiso saber este diario.
—Sí, dentro.
—Pero ese trabajo ¿forma parte de su función como policía o es particular?
—Trabajo como policía adicional —aclaró Ferreyra. “La Policia de la Provincia de Córdoba prestará servicios adicionales de vigilancia y seguridad a las entidades públicas y privadas que lo soliciten, previo pago de la tasa que para cada caso rija a tal efecto”, se explica en el sitio web oficial de la policía cordobesa. Los agentes reciben el 90% del dinero que pagan los particulares por este servicio y el 10% restante va a una cuenta especial de la fuerza. Durante todo el diálogo, Ferreyra parecía hablar más como empleado del boliche que como agente del Estado.
El sargento quiso interrogar al cronista sobre la denuncia de Ezequiel: “¿En qué fiscalía hicieron la denuncia, me podría informar? Así voy y lo chequeo, porque no es como dicen estos... esta gente”. Este diario insistió en saber lo que había sucedido la noche del viernes pasado.
—Acá no se saca a nadie, siempre que no haga algún disturbio que esté fuera de la decencia pública, como el Código lo establece —explicó. “Serán sancionados con multa de hasta diez Unidades de Multa o arresto hasta veinte (20) días, los en que en la vía pública, lugar abierto al público o lugar público, profirieren palabras o realizaren gestos o ademanes contrarios a la decencia pública”, establece el Código de Faltas de la Provincia de Córdoba en su artículo 43. Este tipo de redacción, común en la mayoría de las leyes contravencionales, ha sido denunciada por la Federación Argentina LGBT y otras organizaciones de derechos humanos por su ambigüedad, que da lugar a frecuentes abusos y actos discriminatorios: el sargento Ferreyra y otros como él, ante la falta de una conducta claramente tipificada, serán los encargados de decidir qué significa que una palabra, un gesto o un ademán estén “fuera de la decencia pública”, y esto podría costarle una multa o veinte días de arresto a un ciudadano.
“Lo habíamos chequeado prácticamente toda la noche. Sabíamos que había un grupito de gays, pero no nos molesta porque son clientes de la casa. Pero hubo un problemita con dos parejas gays que estaban casi semidesnudos. Un oficial mío, que es personal policial, les dijo que se vistieran. Se calmaron, pero al rato nuevamente estaba uno con el pantalón por la rodilla. Se los acompañó hasta la puerta y se retiraron nomás”, detalló Ferreyra, quien jura haber visto con sus propios ojos que las personas echadas estaban “semidesnudas”, y agregó: “Ni se los llevó a la comisaría, pero les podríamos haber hecho una contravención”.
Del beso, ni una palabra. Tampoco volvió a mencionar al tal Sergio. La voz de la secretaria de Srur ya no volvió a escucharse en el teléfono. Los chicos que “se estaban dando un beso en el pasillo” pasaron ahora a estar semidesnudos.
“A mí no me interesa su sexualidad, pero acá se respeta la moral”, sentenció el sargento.


1 comentários:
Realmente da verguenza ajena leer las justificaciones del "sargento" y cia.
"Sabíamos que había un grupito de gays, pero no nos molesta porque son clientes de la casa" (!!!!!!!!??????)
Muy buena la nota Bruno pero triste también.
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