POR BRUNO BIMBI
Leo en Crítica de la Argentina que, al recibir las credenciales del embajador Cafiero, usted ha aprovechado para manifestarse contra los derechos humanos de gays y lesbianas. En particular, contra del matrimonio entre personas del mismo sexo.
Le confieso que nunca he entendido esa obsesión que usted y otros de su iglesia tienen contra nosotros y nosotras. No entiendo por qué les molesta que reclamemos los mismos derechos que el resto de las personas: cosas tan simples como casarnos, compartir la obra social, heredar, tener los mismos beneficios previsionales, etc. No entiendo por qué lo indigna que podamos celebrar nuestras uniones en un Registro Civil e invitar a nuestras familias y amigos para que festejen con nosotros.
No es un problema con usted, ni con su iglesia. Tampoco entendí nunca por qué Hitler odiaba a los judíos, o por qué algunos "blancos" se consideran superiores a los "negros", si esa clasificación tiene algún sentido. No entiendo a los argentinos que creen que bolivianos o paraguayos son menos gente que ellos, ni a los hombres que se consideran más importantes que las mujeres. No entiendo esas ideas.
Pero cuando lo imagino a usted luchando contra el amor de personas como yo, me pregunto qué caminos siguen sus pensamientos y sentimientos para creer que se trata de una causa justa.
No creo en Dios, pero entiendo el poder que tienen las palabras del líder de una religión seguida en el mundo por millones de personas. Por mi formación democrática, me molesta que un monarca extranjero presione al gobierno constitucional de mi país, pero me imagino otras causas para las que podría usar ese poder en forma justificada. Me lo imagino en Bagdad, caminando rodeado de fieles hacia una mesquita y, filmado por todas las cadenas de noticias, exigiéndole a EE.UU. que retire sus tropas. Me lo imagino en Guantánamo diciendo que la tortura no es humana. Imagino a Pío XII visitando Auschwitz y reclamando el fin del genocidio. O a Juan Pablo II, cuando vino a la Argentina, visitando la ESMA para sacar a patadas a los capellanes que confortaban a los torturadores. Me lo imagino a usted, ahora mismo, reclamando el fin del genocidio económico que en nombre del capitalismo condena a millones a la miseria. Me lo imagino subiendo las escaleras de una favela, aquí, en Río de Janeiro, desde donde le escribo, y reclamando en nombre de su dios contra la injusticia.
¿No sería más útil para la humanidad?
Ahora lo veo de nuevo en su escritorio, escribiendo sus proclamas contra el matrimonio gay, y de verdad no lo entiendo. Explíqueme, por favor, por qué nos odia tanto.
Mientras le escribo estas líneas, me resuenan unas palabras, atribuidas a San Pablo, que Renato Russo mezcló con versos del poeta portugués Luís Vaz de Camões para componer una hermosa canción: "Aunque yo hablase la lengua de los hombres y la lengua de los ángeles, sin amor, yo nada sería / sólo el amor conoce lo que es verdad".
Explíqueme, señor Ratzinger, ¿por qué le molesta tanto nuestro amor?


3 comentários:
me gusto tu blog, no te conocia!
un abrazo!
joss
No conocía esta carta abierta... hay bastantes cosas para reclamarle a este papa... puedo comprender que pontifique para sus fieles, pero no para todos... Supongo que piensa que "todos" son cristianos, o tal vez, los que no son cristianos son los equivocados, o peor, los inmorales... Entonces interpreto que el papa se asemeja a Bush, cuando se autoproclama "eje del bien", lo cual significa que lo que se encuentra fuera de ese eje, será "el mal"...
Fijate que ambos parten de la misma estructura de razonamiento, la cual no es ingenua...
Saludos!
Já, si habría que enumerar las cantidades de declaraciones que la iglesia católica, a lo largo de su historía, emitió no sólo contra gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, sino tambien contra personas creyentes de otras religiones, jamás terminariamos.
Por lo menos puedo alegrarme de no seguir ese credo hipócrita, que durante siglos mató a cientos de personas de mis mismas creencias religiosas (hablo de la Inquisición en la edad media), pero entiendo lo que decís al sostener que, lamentablemente, es la religión más poderosa actualmente, aún así no la de mayores adeptos (para eso tenemos las religiones orientales).
Pero cuando ya se comienza a involucrar religión, negando algo tan básico como lo es el amor, se trata de un atropello.
Me gustaría conocer la respuesta que el lider de esa "santa" iglesia católica emite ante esa carta.
En fin, me gustó tu blog =)
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