11/03/2008

Entrevista a María del Carmen Rico

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"La ideología no es hereditaria"

Pide que no la miren con prejuicios por ser la hija de Aldo Rico. Respalda la política de derechos humanos del Gobierno y propone la despenalización del aborto y la ley de matrimonio gay.


POR BRUNO BIMBI

“Antes de que empecemos a hablar, quiero aclararte una cosa, porque me imagino que debés estar pensando lo mismo que piensan todos los que se sientan ahí por primera vez”, dice María del Carmen mientras prepara el mate, del otro lado del escritorio. La oficina, como todas en el edificio de la avenida Rivadavia, es tan chiquita que el cronista tiene la sensación de que le escucharon los pensamientos. Aunque todavía no lo haya dicho, ambos saben de qué está hablando. “Soy la hija de mi papá y yo lo quiero mucho, pero la ideología no es hereditaria. Pensamos diferente sobre muchas cosas”, explica la diputada.

—¿Necesitás aclararlo siempre?

—Me pasa todo el tiempo. Entro a algún lugar y tengo que decir: "mirá que yo soy... pero...". Les pido que no me miren con prejuicios. Llegué a la política con portación de apellido: soy la hija de Aldo Rico, y siempre lo voy a ser. Pero intento que se me reconozca como diputada y militante, no como ‘la hija de’.

Por fuera de ese rótulo, el perfil de María del Carmen Rico (35) revela mucho más: es profesora de educación inicial y madre de tres hijos: Maria Josefina (5), Maria Valentina (12) y Octavio (14). Es adicta a la gimnasia antes de ir a trabajar, es seguidora del rock nacional y también fanática de Andrés Calamaro. Es diputada nacional desde 2001 y en 2005 renovó la banca por la lista encabezada por Hilda González de Duhalde, pero hoy se reivindica K. Dice que está orgullosa de la presidenta Cristina Fernández y que respalda la política de derechos humanos del Gobierno. “Acá hubo un genocidio y no se pueden cicatrizar las heridas si no sabemos lo que pasó. No es setentismo, sino un reconocimiento de la verdad: hay hombres y mujeres que desaparecieron. Quisieron imponernos la teoría de los dos demonios, pero eso no va más. Los responsables tienen que pagar”, sostiene.

Dice eso y es imposible no preguntarle por su padre, que se alzó en armas para impedir el juzgamiento de los criminales de la última dictadura militar. “Algunos piensan que mi papá es un ogro espantoso”, dice, y agrega que ella está orgullosa de él y que piensa que “creyó que debía defender al Ejército como institución”. ¿Defenderlo de qué?, pregunta el cronista, y la diputada aclara su propia opinión: “el mayor daño a las Fuerzas Armadas se lo hicieron los propios militares. En esa época yo tenía 15 años y lo viví como adolescente, pero hoy creo que mi papá salió a dar la cara por una manga de generales miserables”.

La educación de María del Carmen, como no podía ser de otra forma, transcurrió en una escuela católica. Un día, entró al aula un médico invitado por los directivos para dar una clase de educación sexual. Pero no era otra cosa que el “método Billings”, que propone evitar los embarazos no deseados mediante el control de los ciclos de ovulación. “Decía que teníamos que conocernos y saber cómo eran nuestros ciclos a través del moco, la clara de huevo y la tablita. ¿Sabés lo que llegó a decirnos? Que no podíamos estar cerca de los chicos porque el espermatozoide atravesaba el calzoncillo, el jean, la bombacha, y si estabas en el día fértil, que es cuando tenías la clara de huevo, el espermatozoide subía y podías quedar embarazada. ¡Un médico! ¡Todas teníamos novio, 17 años, plena revolución hormonal! Teníamos miedo de tocar el inodoro en casa y quedar embarazadas de nuestros hermanos. Era siniestro”, relata indignada.

—¿Y cómo es la educación sexual de tus hijos?

—Mis hijos también van a un colegio católico, pero yo hablo con ellos y les explico todo. Les digo que es perverso que no les expliquen cómo usar un preservativo, porque no se trata sólo de un embarazo, sino también de su salud.

La educación sexual de sus hijos no es el único tema en el que la diputada rechaza el discurso de la iglesia católica. Rico acompañó con su firma el proyecto de Marta De Brasi (FpV) que propone que cualquier mujer pueda decidir sobre la interrupción voluntaria del embarazo, en cualquier circunstancia, hasta una determinada etapa de la gestación. Sin embargo, la legisladora aclara que no está a favor del aborto sino en contra de penalizar a las mujeres que lo practican. “La mujer que decide abortar lo va a hacer igual, sea legal o no. Nosotros tenemos que evitar que se nos muera por un aborto clandestino o que la tengan que vaciar porque se desangró por una hemorragia”, explica.

¿Hay un problema de clase?

—¡Es lo mismo que pasaba con la ligadura de trompas! No estaba permitida, pero muchas mujeres se la hacían en la última cesárea. ¿Por qué algunas pueden y otras no? Usemos las herramientas que tenemos para prevenir: educación sexual desde salita de cinco hasta la secundaria, para que todos tengan las herramientas para evitar un embarazo no deseado o una ITS, y el programa de salud reproductiva, para que todas accedan a los métodos anticonceptivos.

El razonamiento de Rico lo comparte la mayoría de la población, pero año tras año las iniciativas para despenalizar el aborto caducan sin llegar a ser tratadas. ¿La mayoría del Parlamento está en contra de la despenalización? La diputada tiene su explicación: “A los que proponemos la despenalización nos llaman asesinos, llevan la discusión a términos imposibles y usan cosas bajas, como mandar a niños y jóvenes de las escuelas a que nos repartan escarpines, como cuando tratamos la ley de ligadura de trompas”, recuerda. Rico fue autora de ese proyecto, finalmente aprobado por amplia mayoría.

A mediados del año pasado, la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans llevó a la Cámara de Diputados el reclamo por la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Luego de presentar recursos de amparo en la Justicia —hay uno que ya está en la Corte Suprema—, elaboraron un proyecto de ley con el ex diputado socialista Eduardo Di Pollina  y la diputada de la Coalición Cívica Marcela Rodríguez. María del Carmen Rico, sin saber lo que se estaba preparando, presentó un proyecto propio, casi idéntico. Luego se contactó con la Federación y, al saber que había una propuesta común, dejó de lado su proyecto y firmó el que firmarían todos. Al final fueron cerca de treinta, de casi todos los bloques. A fines del año pasado, la Federación la reconoció por ese gesto, entregándole uno de los premios anuales al “Orgullo Ciudadano”.

La diputada asumió el tema como una de sus mayores apuestas personales. Dice que “hay que ponerse la camiseta para conseguirlo” y asegura que si tuviera que elegir una ley que le gustaría votar antes de terminar su mandato, elegiría el matrimonio gay. Confiada de que va a conseguirlo, asegura que cada vez serán más los que se animarán a decir que están de acuerdo.

Mientras la Corte decide qué hacer con los amparos, el gobierno K medita en estos días si apoyar ese proyecto podría ayudarlo a reconciliarse con la clase media. Para la diputada, “estamos ante un momento político excepcional para conseguirlo, porque la política de derechos humanos atraviesa a este gobierno en todas las áreas”. Asegura que el tema estará en la agenda de Diputados muy pronto, “porque somos muchos los que lo estamos militando”, y cita entre otros a la presidenta de la Comisión de Legislación General, Vilma Ibarra, una de las impulsoras del proyecto. Esa comisión es, justamente, la que deberá expedirse sobre el expediente.

—¿Los diputados les tienen miedo a los curas?

—Somos públicos y le tenemos miedo a la censura. Cuando nosotros, con los compañeros del despacho, decidimos ir adelante con este tema, sabíamos que había que bancarse los mails y el agua bendita.

—Debe haber legisladores y legisladoras que consumen drogas, practicaron un aborto o son gays o lesbianas, pero cuando se tratan temas como la despenalización del aborto, el matrimonio gay o la despenalización de las drogas, ninguno lo dice...

—Nosotros no salimos de un repollo, sino de la sociedad. Somos humanos aunque no parezca. Yo soy tan adicta al tabaco que si llego a probar otra sustancia me haría adicta también, por eso nunca fumé marihuana. Soy autora de la ley antitabaco, y cuando la hice había dejado de fumar. Después volví. Soy mujer y vivo entre mujeres reales que conviven con la problemática del aborto. Con respecto al matrimonio gay, aspiro a que mis hijos, que sean lo que sean y elijan lo que elijan el día de mañana, sepan que siempre van a tener derechos y garantías.

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