Los héteros no les creen. Los gays tampoco. Pero los varones bisexuales buscan su lugar en el mundo y defienden su deseo sin límites de género.
POR BRUNO BIMBI
—¿Sos gay? —le preguntó Jorge Lanata al bailarín Julio Bocca, hace siete años, en el programa "La luna".
Bocca dudó unos instantes y finalmente dijo:
—Todavía no. Soy las dos cosas.
—¿Sos bisexual? —insistió Lanata.
—Sí.
Quizás sin quererlo, Bocca hizo con su respuesta algo más que una declaración sobre sí mismo. "Todavía no" podía ser una forma de hablar de un tránsito, de un lugar al que finalmente se llega luego de recorrer un camino. Muchos heterosexuales y muchos gays coinciden en pensar eso de la bisexualidad: que, más que una orientación o una identidad con derecho propio en el universo de la sexualidad, es un momento, un todavía no.
Los varones bisexuales, según esa mirada, serían gays que todavía no se dieron cuenta o no quieren decirlo. Es difícil negar que algo de eso existe y que muchos gays, al principio, prefieren decirse bi para preservar algo del macho que se espera de ellos. Pero también es innegable que hay quienes, a lo largo de la vida, se enamoran, se calientan, se sienten atraídos o se relacionan con hombres y mujeres.
"Existe una serie de 'requisitos' que la gente contempla para considerarnos 'verdaderos bisexuales', tales como ser hombres masculinos o mujeres femeninas, haber tenido el mismo número de parejas mujeres que hombres, o tener ambas", afirma José A. Hernández en un artículo publicado en internet. Fernandez explica que si bien existen bisexuales que encajan en esa idea, también hay hombres bisexuales afeminados y mujeres bisexuales masculinas, o travestis y transexuales que también son bi. "Están desde el hombre casado y muy masculino que tiene aventuras con hombres hasta el chico afeminado que vive una vida gay y cada vez que se emborracha con su mejor amiga termina teniendo sexo con ella", sostiene.
También hay teorías que afirman que todos somos bisexuales y que en el futuro nadie se conformará con ser exclusivamente hétero u homo. Muchos gays a los que no les gustan las mujeres y muchos héteros a los que no les gustan los hombres desconfían de esa afirmación.
Mientras unos y otros no se ponen de acuerdo, los bi buscan su lugar en el mundo.
El doctor Adrián Sapetti, médico especialista en sexología y presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, sostiene que la bisexualidad está más oculta que la homosexualidad: "es una identidad que no acepta nadie, ni los gays ni los héteros. Pero la verdad es que varones y mujeres estamos dotados para ir hacia un lado, hacia el otro o hacia los dos. Hay mucha más bisexualidad de la que se explicita, porque muchos no se lo cuentan a nadie. Es como un placer secreto". Sapetti afirmó a este diario que también hay hombres que siempre vivieron como heterosexuales y tardíamente empiezan a tener relaciones con hombres, así como gays de toda la vida que en algún momento empiezan a hacerlo también con mujeres.
—¿Las clasificaciones son insuficientes?
—Son para los manuales.
JUAN SALE DEL ARMARIO. Luego de haberse afirmado durante años en una identidad gay, Juan (30) vive una forma rara de salir del armario. Es de esos gays sobre los que suele decirse que "se le nota", y lo vive con orgullo: "soy más maricón que gay, tal vez un bisexual muy maraca, quién sabe", dice entre risas.
Hace tres años que Juan está en pareja con una mujer y descree de las clasificaciones para siempre: "¿quién podría jurar que su sexualidad es algo que no reviste jamás una pregunta?". Juan se enamoró de su mejor amiga, "y me pareció muy condicionante ser sólo gay y no estar con ella porque también me gusta la pija. Yo soy muy femenino y a ella le gusta eso de mí. Además de mis gestos o de mis gustos, soy feminista, porque limito mis propios privilegios como varón".
Desde que se dieron cuenta de que estaban enamorados el uno del otro, se fueron a vivir juntos, y comparten "el hogar de los mejores amigos, del amor compañero", donde no hay reclamos de fidelidad: "cogemos genial y tenemos una pareja abierta, pero somos leales en el sentido de no mantener relaciones paralelas. El sexo casual no es un problema".
CHONGOS DEL CONURBANO. "Para mí, en Quilmes hay muchos bisexuales. Yo diría que son la mayoría de la población masculina", dice Cristian (29) y, a falta de estadísticas del INDEC que lo refuten, tendremos que creerle. En su barrio, lejos de los boliches gay de Palermo y de la esquina de Santa Fe y Puyerredón, los chongos dejan a su chica en casa y salen en busca de una compañía que les haga lo que ella no les hace.
"Algunos vienen con la excusa de que la novia no se la chupa, pero una vez que están acá, se acuestan conmigo, se desnudan, me besan en la boca, me acarician la pija. Alguno me pidió también que lo penetrara. En esos momentos, en las noches frías de invierno, se olvidan de que son heterosexuales", cuenta Cristian a Crítica de la Argentina.
—¿Y al otro día, cuando te los cruzás por el barrio?
—De día, cuando la carroza se vuelve a transformar en calabaza, puede ser que pasen por al lado tuyo y ni te miren. Hay uno que me saluda, con discreción, aunque esté con la familia o los amigos. Si está solo, quizás se queda a conversar un rato.
CASADO BUSCA. "El bisexual clásico es el hombre casado o con novia que tiene prácticas sexuales con otros tipos, a veces con taxis o inclusive con otros hombres casados. No se siente gay, ni siquiera bisexual. Dice que es hétero pero que lo calientan los hombres. También está el fenómeno swinger, donde algunos, en el intercambio con otra pareja, comparten todo", dice el doctor Sapetti.
En las páginas de contactos para hombres que buscan hombres, la palabra 'casado' debe ser una de las que más se repite como parte del nick de muchos usuarios. Una búsqueda rápida realizada por este cronista en Manhunt.com arrojó 15 nombres de usuario que la incluían; en Gaydar.es, 82 usuarios; en Manjam.com, apenas 3; en Gay.com, 250. Los resultados son dispares pero lo evidente es que 'casado' se instala como una identidad o un objeto de deseo en las páginas de contactos, aunque hay que tener en cuenta que no todos los casados lo aclaran y alguno que dice serlo puede mentir, porque esas son las reglas de Internet.
Otro lugar que frecuentan los casados de trampa son los saunas y dark-rooms, donde pueden conocer a otros hombres y tener sexo rápido y sin compromisos ni visibilidad.
EN AMÉRIKA VALE TODO. Si un territorio porteño ha puesto en dudas los límites de las identidades sexuales es, sin dudas, Amérika, el boliche gay más grande y conocido de la ciudad. Es que Amérika, lejos de ser un gueto homosexual, reúne cada fin de semana a unos y otros. Hay chicos buscando chicas, chicos buscando chicos, chicas buscando chicas o chicos, chicos buscando travestis, y algunos que, cuando ya buscaron y no encontraron, poco les importa qué.
"La diferencia entre un paqui (heterosexual) y un puto, en Amérika, son dos botellas de cerveza", dice Nicolás. En el túnel, un pasillo relativamente oscuro donde los límites se aflojan y todos hacen o miran a los que hacen, algunos chicos entran buscando chicas, no encuentran y, una vez que están ahí, cualquier cariño es bienvenido.
—'No te confundas, que a mí me gustan las mujeres', me dijo un chongo una vez, con cara de 'si te acercás te rompo los dientes'. Le contesté con buena onda, hablamos, se dio cuenta de que no iba a violarlo y, como tratando de explicarme, me dijo: 'aunque tuviera muchas ganas de coger, jamás se me pararía con un tipo'. Entonces le hice una apuesta. Un rato después estábamos cogiendo y al pibe ya no le importaba nada —cuenta Nicolás.
Los chongos, en Amérika, como los vecinos de Cristian, no se consideran a sí mismos bisexuales. Son bien machitos y les gustan las minas, pero a veces se toman licencia. Un pete no le hace mal a nadie, y quien dice un pete dice algo más:
—La diferencia entre un chongo activo y uno pasivo es otra botella de cerveza —insiste Nicolás.
El alcohol siempre podrá ser la excusa cuando salga el sol.
ME GUSTAN LOS CHICOS Y LAS CHICAS. Lejos de los chicos de Amérika, hay otros bisexuales que sostienen su orientación sexual como parte de su identidad. Se proclaman bi y no les gusta que los quieran encasillar en otro lado: "Nuestros hombres no son gays, nuestras mujeres no son lesbianas, ni todos somos héteros. No somos híbridos, no cambiamos constantemente. Queremos a quien nos interesa y punto. Nuestra acera no es la homosexual ni la heterosexual, es la bisexual y punto", escribe Salva en su blog, dedicado a la bisexualidad.
"Creo que me gusta San Pablo / me gusta San Juan / me gusta San Francisco y San Sebastián / Y me gustan los chicos y las chicas", cantaba el popular músico de rock brasileño Renato Russo, líder de Legião Urbana.
Los chicos y las chicas. Así de simple.


3 comentários:
Felicidades Bruno por el blog. Muy bueno. Te invito al mío, qu etb es ya el tuyo:
www.unhombrefrentealespejo.blogspot.com
Vaya Bruno, periodista y haciendo traducciones al portugués... Coincidimos en varias cosas, jejejeje! Gracias por visitar mi blog (tuyo tb) y allí te espero cada dá, eh?
www.unhombrefrentealespejo.blogspot.com
Excelente!
Muy copado tu blog y muy interesante la entrada sobre la bisexualidad :D
Te invitamos a nuestro blog, pasa dale!
http://enelnombrededior.blogspot.com
Apolo et Jacinto
:)
Publicar un comentario en la entrada