Secretos de cuartel
Tres oficiales del Ejército Argentino hablan de su homosexualidad y de la homofobia en las Fuerzas Armadas. Elogian a Balza, a quien señalan como artífice de una democratización. El juez Zaffaroni se pronuncia sobre la reforma del Código de Justicia Militar y adelanta los cambios que se vienen.
Tres oficiales del Ejército Argentino hablan de su homosexualidad y de la homofobia en las Fuerzas Armadas. Elogian a Balza, a quien señalan como artífice de una democratización. El juez Zaffaroni se pronuncia sobre la reforma del Código de Justicia Militar y adelanta los cambios que se vienen.
Por Bruno Bimbi, para Veintitrés
—¿Y qué va a pasar cuando haya gays en las Fuerzas Armadas —le preguntaron hace poco a un alto funcionario del Ministerio de Defensa.—¿Cuando haya? —respondió asombrado el funcionario, que no podía creer que su interlocutor pensara que no los hay.
Esta revista habló con tres oficiales del Ejército que son homosexuales. Felipe, Ernesto y Camilo nos cuentan cómo es, hoy, ser gay en las Fuerzas Armadas.
Felipe tiene 39 años y hace 27 que está en el Ejército, ya que cursó el secundario en el Liceo Militar General San Martín. Hace 19 años que está en pareja con otro militar y ambos residen en Comodoro Rivadavia, aunque mientras se hacía la entrevista su pareja había viajado de reemplazo a Las Heras.
Felipe aclara desde el principio que nada de fotos y, claro, su nombre verdadero no es Felipe: “Para nosotros hay una sociedad civil y otra militar. Esto sucede en todos los países y más en las pequeñas ciudades o donde las fuerzas sentaron bases y, con ellas, viviendas familiares o alojamiento. Esta sociedad militar es simil a la de los countries: se hablan entre ellos, se gorrean entre ellos, cruzan amistad entre ellos, etc. El valor plus mas importante es que ‘lo que sucede adentro no se comenta’. Yo puedo darte pantallazos y demás, pero no puedo ni revelar mi identidad, ni mostrarme en una foto sin autorización de mi inmediato superior, sea por el tema que fuera, imaginate que por el tema gay...”
—¿Estás fuera del armario con algunos compañeros o nadie lo sabe?
—Ante muy pocos... Estoy blanqueado ante los que son gays igual que yo y ante los inmediatos superiores con los que tuve que blanquerme para defenderme.
—¿Para defenderte?
—A veces, aclarar frontalmente la homosexualidad de un oficial es garantía que todos se cuiden, porque te consideran "peligroso”: si tenés los "huevos" para decirlo, sos capaz de salir por los medios -según su imaginación- con tacos, peluca y uniforme cantando "soy lo que soy"... Entonces, no lo digas, pero cada tanto amenazalos con decirlo. Me sucedió antes de Balza, cuando me cambiaron destinos con mi actual pareja y ante mi reclamo me prepotearon. Yo reaccioné advirtiendo a mi superior que "no me haga verbalizar el verdadero motivo de mi asignación". Ahí quedó claro con cierto generalote que los dos sabíamos qué pasaba y, si bien tuve que bancarme dos años separado de mi pareja haciendo viajes imposibles para vernos, para la próxima asignación nadie dijo demasiado. Romper el lenguaje del silencio dentro de las filas tiene consecuencias positivas y negativas, pero a veces te la tenés que jugar porque, si no, te pasan por arriba.
—¿Siempre fue así o hubo situaciones más “amigables” con superiores?
—Hubo casos en los que un superior me insinuó la pregunta y yo le insinué la respuesta porque el tipo quería saber quien era yo, nada más. Cuando mi pareja fue destinado a Chipre, el inmediato superior solía comunicarme (sin estar obligado a hacerlo) cómo estaban las cosas en esa misión. En las Fuerzas llamamos a eso "camadería", y muchos la respetan.
—¿Y cómo se da el “blanqueo” con compañeros?
—Se da más que nada por cierta naturalidad, aunque existe siempre algo machista en el medio. No hubo quien le haya dicho que soy homosexual que no me haya preguntado ¿la ponés o te la ponen?... Si sos el que se la ponen terminás siendo "medio mujer" (definicion de un entrañable compañero) y, si sos suboficial y pasivo, sos mujer del todo, y puede que te traten con esa especie de sutil desprecio. Si sos el que la pone y encima oficial es como si fueras un turro que no se quiere casar. No se bien cómo lo elaboran, pero a la larga termina siendo así. Procesamos todo como nos enseñaron: dos géneros y, según el género, la reacción. Digo "procesamos" porque de alguna forma sería demasiado hipócrita no incluirme.
—¿En qué momento decidís contarle a un compañero que sos gay?
—Usualmente lo blanqueo cuando la confianza ya es óptima y sé cómo piensa el tipo; cuando compartimos códigos y demás. Por ahora no me equivoqué mucho. Para mí, dentro de la fuerza, la homosexualidad es como la oscuridad donde vive el cuco: cuando ponés luz la cosa cambia.
—¿Y con los demás oficiales homosexuales?
—Con los que son homosexuales la cosa es mas familiar. En Comodoro Rivadavia somos dos parejas dentro de las filas, por ahí alguno de la Fuerza Aérea con un naval.... o con algún civil. Pero terminás conformando un nuevo gueto, terminás haciendo lo que hacen los soldados con sus esposas: cenas los sábados, alguna salida tímida y después cada carancho a su rancho. Los furtivos son furtivos y, por ende, sabemos quiénes son, qué hacen, por ahí estuvimos alguna vez con ellos, pero la culpa les gana y estan casados, con hijos y demás. Igual, todos sabemos de todos de una u otra forma, muchas veces ni es necesario contarlo. Con los que no somos tolerantas es con los traumados que intentan "abusar" de su poder y acostarse con algún nuevito. Para nosotros es una mala publicidad y enseguida hacemos algún movimiento para que el que lo hace sepa que sabemos lo que pasa, porque esto del poder y los traumas suele ser una mezcla peligrosísima. El caso Carrasco fue quizás el mas renombrado, pero hubo miles con destinos no tan trágicos. Es una forma de defendernos, porque de esa sutileza dependemos y porque éticamente aprovecharse de esas cosas es despreciable.
Felipe explica que la situación de los homosexuales en el Ejército cambió radicalmente con la llegada de Martín Balza a la jefatura.
—Su llegada fue ‘democratizadora’ dentro de las filas, porque se vieron los que estaban de un lado y del otro con relación a los derechos humanos. A partir de Balza se dejaron de castigar los actos homosexuales dentro de las filas de los oficiales. El mundo de los suboficiales es otro...
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El artículo 765 del Código de Justicia Militar establece que “El militar que practicare actos deshonestos con personas del mismo sexo dentro o fuera del lugar militar, será degradado y condenado a prisión si fuere oficial; reprimido con prisión menor y destituido si fuere suboficial o clase, y si fuere soldado será condenado a prisión menor”. Esta revista quiso saber si en el proyecto de reforma al Código que el Ejecutivo piensa enviar al Congreso estaba prevista la eliminación de esta norma, pero fuentes del Ministerio de Defensa se negaron a dar información, aduciendo que el anteproyecto está aún a consideración del presidente Kirchner. Sin embargo, el juez de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Raúl Zaffaroni, quien participó de la comisión redactora que elaboró el anteproyecto, confirmó al Veintitrés que la penalización de la homosexualidad será eliminada.
“Es un artículo que proviene del siglo XIX. Nuestra legislación penal militar en realidad se remonta a las Ordenanzas de Guerra y Marina españolas del siglo XVIII. La única interpretación constitucional actual de esto es que el comportamiento introduzca una alteración grave de la disciplina militar, ya que ésta es un bien jurídico en el derecho militar. Pero, por cierto, esto puede pasar con relaciones homo como heterosexuales, sólo que las últimas no están contempladas porque cuando se redactó el Código no había mujeres en las Fuerzas Armadas. En la reforma proyectada desaparece por completo y las faltas disciplinarias pasan a un texto administrativo que no lo menciona”, explicó Zaffaroni a esta revista.
Por otra parte, el juez de la Corte ratificó lo que nos había dicho Felipe: Balza había querido derogar ese artículo y no pudo. Sin embargo, según Felipe, lo resolvió a la manera militar:
—Apenas asume su cargo imparte su imposicion de tolerancia y, por ende, los homofóbicos, ya bastantes asustados por los cambios que venían ocurriendo, terminan haciendo las cosas más finas y más por lo bajo. Ya no era un tema de condecoración "pescar a un puto", porque si eso sucedía podía ser que Balza te enviara a Claromecó con reducción de 70% de sueldo. "No estamos para perder soldados", dijo alguna vez, y con ello selló su ley. Finalmente, se adoptó la fórmula conciliatoria que rige en los Estados Unidos: “no preguntes, no lo digas”.
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La historia de Ernesto, que tampoco se llama Ernesto ni acepta ser fotografiado, no es muy diferente de la de Felipe. Tiene 41 años, es oficial del Regimiento de Infantería de Montaña del Ejército con grado de teniente e ingresó a la Fuerza a los 12 años, como estudiante del liceo militar. Actualmente está destinado a una unidad de avanzada de frontera en la zona cordillerana.
—Salí del armario frente a muy pocos pares, a todos mis superiores y a casi ninguno que esté por debajo mío. No es algo que me haya preocupado nunca, y mucho menos cuando gané cierto prestigio y lugar, pero prefiero dejar mi intimidad en mi hogar. Tengo pareja en Zapala y estamos juntos desde hace 13 años.
—¿Tuviste problemas por eso?
—He tenido algunas dificultades, aunque los militares somos bastante taimados y muy sutiles para la exclusión. Sin embargo, las cosas fueron tomando rumbos un poco abiertos y hoy ya nadie plantea por qué, siendo soltero, no vivo en el Regimiento sino en Zapala. Lo que hay en la Fuerza, más que homofobia, es miedo a ser “menos hombre”. Si de cada diez chistes, seis son de homosexuales, creo que eso es más por el miedo a serlo que por el rechazo a quien lo es. Lo que sí esta instalado es que nadie tienen por qué saber con quién te acostás (mucho menos si tiene un pito como el tuyo). Pero, a veces, utilizarlo para imponerte no es mala opción.
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Camilo, que sí se llama Camilo pero tampoco quiere fotos, tiene 42 años y es oficial del Ejército de cuarta generación. Forma parte del cuerpo de paz de Cascos Azules y también está radicado en el sur del país.
Su historia es diferente. Se casó y, a los 22 años, tuvo trillizos. Diez años después se enamoró de un estudiante de comunicación social y terminó separándose de su mujer y asumiendo su homosexualidad. Actualmente, su mujer y sus hijos saben que es gay y él aún continúa en pareja con aquel estudiante, que hoy ya es periodista y trabaja en una universidad local y un diario.
—La verdad es que él tuvo más problemas por su orientación sexual que yo. Ante mis compañeros estoy blanqueado sólo con quienes sé que son homosexuales y con algunos superiores, por razones de fuerza mayor y no por propia voluntad. En general no me trae problemas directos en la Fuerza ser gay. Hace unos años, sin embargo, un suboficial al que le pedí la baja alegó que abusé sexualmente de él, ya que estaba en pleno conocimiento de mi orientación sexual.
—¿Luego de ese incidente no volviste a tener problemas?
—Lo que pasa es que en las Fuerzas Armadas la discriminación es de todos para con todos. Si hablamos de discriminar, se lo hace al negro, al colorado, el suboficial al oficial y así sucesivamente. La homosexualidad está tan discriminada como otras cosas. Sin emabrgo, aunque la estructura social de los cuarteles está un poco alejada de la civil, tanto como cambió la civil, cambió la de las Fuerzas.
—¿Hoy podés blanquearte con más facilidad?
—Por lo general, quienes comenzamos a decidir hacer valer con moderación nuestro lugar estamos todos en etapas emocionales estables, situación que no se aleja del prototipo del militar oficial de alguna fuerza: pareja estable, poca vida social, mucho trabajo.
—¿Y ya no les aplican las sanciones del Código?
—Lo del Código es como la ley que prohibe bailar a dos personas del mismo sexo juntos. Plantear hoy aplicar esa ley haría que desaparezcan al menos el 8% de los cuadros estratégicos de las Fuerzas (y lo digo con conocimiento de causa). La politica de..."aunque lo seas, no lo digas" es un clásico en las filas. Nosotros en broma le agregamos la frase "siempre y cuando no quieran cagarte; ahí amenazalos con decirlo”.
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En estos días, mientras se realizaba este artículo, dos lesbianas se presentaron en el Registro Civil y pidieron turno para contraer matrimonio. Como se los negaron, presentaron un recurso de amparo en la Justicia, como parte de una campaña nacional por el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, promovida por la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans.
—¿Te casarías con tu pareja, si pudieras? —le preguntó Veintitrés a Felipe.
—¡Ni en pedo! Ya bastante cuesta sin estar obligados a nada, con una obligación legal el petiso me hace meter preso... Hablando en serio, en algún momento por un tema de vacaciones en común, las mismas fechas, amenacé con solicitar a un juez el certificado de convivencia, ya que entre concubinos pueden sacar en la misma fecha las vacaciones. Pero no hubo necesidad de avanzar más.
Quizás, algún día, la imagen de dos militares saliendo del Registro Civil sea la foto a cara descubierta que le falta a esta nota.
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3 comentários:
hola soy marcos y soy gay afeminado y quiero saber si por esta condicion me expulserian o tendria muchos problemas en las fuerzas armadas arg me gustaria que comenten sobre los afeminados en la marina
Hola, Bruno, excelente nota!!! La lei en un viaje a capital en el avion y me fascino. Yo soy de Comodoro Rivadavia, asi que fue interesante ver entrevistas a militares de mi ciudad. El tema esta muy bien trabajado y es mas que cierto que en las fuerza armadas, no solo las argentinas, hay homosexuales. Esta bueno que ahora se les permita ingresar con su orientacion sexual mas abierta y no tan en las sombras como antes. Pero gente que no lo dice y lo es, aun siguen habiendo y realmente no veo cual es el drama para ellos, si el ser gay o no, no influye en tu desempeño militar, creo. En fin, te felicito por la nota y te pregunto de paso, ya que mi ejemplar de Revista Veintitres se hizo polvo, si sabes donde puedo conseguir otro numero del ejemplar con esta nota. Saludos!!!
Supongo que si llamás a la revista, ellos deben tener ejemplares atrasados.
Abrazo y gracias por los comentarios!
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