Favorito
Por Bruno Bimbi, para Revista Imperio G.
Estaba terminando de leer Memorias de Adriano, la magnífica obra de Marguerite Yourcenar traducida al español por Julio Cortázar, que narra la vida del emperador romano Pubilio Elio Adriano (76-138 d.C.) en la forma de una autobiografía novelada. Llegando al final del libro, se me ocurrió buscar información histórica sobre el personaje, y en un momento de ocio abrí el Encarta de Microsoft y busqué por su nombre. Luego de una serie de datos sobre su época, su vida y su reinado, me encontré con una breve frase que explica que en uno de sus numerosos viajes por las provincias romanas “su favorito Antínoo, que viajaba con él, se ahogó y fue deificado por Adriano”.
Es todo lo que dice sobre él. Su favorito. Yourcenar relata en su obra la pasión de Adriano por su joven amante, en cuyo homenaje mandó a construir una ciudad y numerosos monumentos luego de su trágica muerte. Si buscamos en Internet información sobre dichas obras, nos encontraremos con la sorpresa de que la inmensa mayoría de las esculturas y estatuas de Antínoo que aún perduran se encuentran, irónicamente, en el Museo Vaticano. ¿Cómo explicarán allí su historia a los turistas? Vaya uno a saber...
Continué navegando por el Encarta y quise averiguar lo que la mundialmente conocida enciclopedia decía sobre la obra de Margurite Yourcenar, la autora del libro. La primera referencia conocida que hallé fue respecto de su primera novela, que leí el año pasado: Alexis, o el tratado del inútil combate, una extensa carta de despedida que un hombre le escribe a su esposa para explicarle que no puede seguir a su lado porque es homosexual. Yourcenar, que escribió la novela en 1929, no utiliza esa palabra; pero no es necesario, ya que todo lo que dice es claro y no deja lugar a dudas.
“Basta con mirar atentamente a nuestro alrededor para darnos cuenta que el drama de Alexis y Mónica continúa viviéndose y continuará sin duda haciéndolo mientras el mundo de las realidades sensuales siga cuajado de prohibiciones (...) Parece ser que, de generación en generación, las tendencias y los actos varían poco; por el contrario, lo que sí cambia, a su alrededor, es la extensión de las zonas de silencio o el espesor de las capas de mentira”, dice la autora en un prólogo escrito para la reedición del libro en 1963. La enciclopedia de Bill Gates, sin embargo, nos dice que Alexis “relata las opiniones de un artista que intenta dedicarse a su obra, pero tropieza con la oposición de su familia, además de explorar el tema de la ambigüedad de los sentimientos”. Ambigüedad de los sentimientos.
Sin emabrgo, ahí no termina todo. Si buscamos más información sobre la autora, el Encarta nos informa que “En 1934 Yourcenar conoció a la estadounidense Grace Frick, con quien entabló una profunda relación”. Una profunda relación. Ambigüedad de los sentimientos. Su favorita.
Quise saber, ya con la cabeza puesta en este artículo que empecé a pensar en escribir, qué decía el Encarta sobre otros personajes históricos. Busquemos, por ejemplo, a Oscar Wilde: “Wilde, que había mantenido una íntima amistad con lord Alfred Douglas, fue acusado por el padre de éste, el marqués de Queensberry, de sodomía”. Una íntima amistad. Sodomía. Una profunda relación. Ambigüedad de los sentimientos. Su favorito.
Seguí buscando. Encontré otros ejemplos. También hallé algunos en los que lo evidente no pudo renombrarse con eufemismos. Parece no haber una prohibición a hablar de homosexualidad: de hecho la palabra aparece varias veces en la enciclopedia, pero cuando esa existencia abstracta hay que relacionarla a personas o hechos concretos, se evita siempre que sea posible. El amor es una relación profunda; la pareja, una íntima amistad; el sexo, sodomía; el amante, un favorito; la homosexualidad, un sentimiento ambigüo.
Podríamos, entonces, invertir las cosas y decir que Romeo y Julieta, de William Shakespeare, es “la historia de una íntima amistad entre dos jóvenes de familias rivales, cuyos ambiguos sentimientos terminan en tragedia”. Y ya que estamos con Shakespeare, me pregunto qué podrían decir los autores del Encarta sobre esos versos suyos del soneto XX que dicen: “La propia mano de la naturaleza te pintó un rostro de mujer / Y tienes, dueño y dueña de mi pasión / de una mujer el corazón sensible, pero desconoces su mutabilidad”.
¿Ambiguo, no?