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“En España estamos haciendo realidad un sueño”
“En España estamos haciendo realidad un sueño”
Realizamos en exclusiva una entrevista a Pedro Zerolo, miembro de la dirección nacional del PSOE, concejal en Madrid y hombre de confianza del presidente Zapatero. Hablamos del tema que hoy ocupa las portadas de todos los diarios en España: el matrimonio homosexual, recientemente aprobado por el Congreso de los Diputados.

Por BRUNO BIMBI, especial para Revista Veintitrés.
«Los países no sólo exportan jamones, también exportan ideas y modelos de sociedad», dice Pedro Zerolo, secretario de movimientos sociales de la mesa ejecutiva nacional del Partido Socialista Obrero Español y hombre de confianza del presidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Zerolo, abogado de profesión, nació en Caracas, Venezuela, y actualmente vive en Madrid. Es concejal municipal por el PSOE en esa ciudad, y se lo reconoce como un activista histórico del movimiento gay español. En 1992 ingresó al COGAM (Colectivo Gay de Madrid) como asesor jurídico, y en 1998 fue elegido presidente de la FELGT (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), cargo al que renunció cuando aceptó su candidatura a concejal en las últimas elecciones. La mayoría de los medios de comunicación españoles lo han bautizado como «el padre del matrimonio homosexual», ya que fue el principal impulsor al interior de su partido de la inclusión en la plataforma electoral de Zapatero de un compromiso con esa reivindicación. Ese compromiso electoral ha sido transformado ahora por el presidente en un proyecto de reforma al Código Civil, que permitirá los matrimonios entre personas del mismo sexo y la adopción conjunta de menores por parte de parejas homosexuales.
Pedro Zerolo concedió esta entrevista exclusiva para Veintitrés unos días después de la aprobación por amplia mayoría en el Congreso de los Diputados del proyecto que desde hace semanas ocupa la primera plana de los diarios españoles y se ha transformado en un tema central del debate político en ese país.
—Después de la aprobación de los diputados, ¿hay posibilidades de que esta reforma se frene en el Senado?
—Hay posibilidad de que la ralenticen, pero al final el proyecto vuelve al Congreso de los Diputados y allí saldrá aprobado. Quizás haya algún recurso ante el Tribunal Constitucional pero todo va a salir bien.
—Una de las cosas que asombra aquí es ver cómo el tema está permanentemente en la tapa de los diarios españoles…
— Está todo el mundo sorprendido: la verdad que hemos colocado nuestra reivindicación en el primer punto de la agenda política de España. Es el tema número uno. Sólo por eso ya vale la pena haber luchado todos estos años.
—¿Y cómo lo está tratando la prensa en general? ¿el tema se banaliza o es debatido con seriedad?
—Se lo toma como un debate de primer orden. La mayoría de los medios en España son conservadores, de derecha, y están atacándolo directamente. Salvo El País, todos los demás periódicos nacionales van contra el proyecto, y la televisión es otro tanto de lo mismo. Pero lo consideran un debate de primer orden. No se está banalizando. Aparecen algunos alcaldes del PP que han dicho auténticas burradas, pero ya a algunos el partido les abrió expedientes y los suspendió.
—Hablando del PP, a mí me asombró mucho que ese partido no se haya opuesto de plano a equiparar los derechos de parejas homosexuales y heterosexuales, sino que sólo se haya opuesto a que se use para ello la palabra matrimonio.
—¡Es que hay que ir al máximo! Hoy gracias a ello hasta el Partido Popular acepta reconocer todos los derechos a gays y lesbianas, siempre y cuando no se llame «matrimonio».
—¿No hay ningún bloque en el congreso que se oponga de plano a cualquier tipo de equiparación de derechos?
—No. Ni la derecha extrema que es el Partido Popular, porque hemos ganado la batalla en la calle.
—¿Cómo está la sociedad frente al tema? ¿hay encuestas?
—Dos de cada tres españoles apoyan la reforma al código civil para que quepa el matrimonio entre personas del mismo sexo. Hay una clara mayoría social.
—¿Si hoy hubiera un plebiscito en España ganaría el sí?
—Sí. Pero de todas maneras esto habría que defenderlo aunque en un posible plebiscito ganara el no. Cuando el Tribunal Supremo de los Estados Unidos habilita los matrimonios interraciales, que estaban prohibidos, la mayoría de la población decía que no. En cuestiones de libertad e igualdad, si hay una mayoría social que apoya bienvenida sea, pero si no la hay, debemos luchar igual.
—Estamos de acuerdo, pero no deja de sorprendernos desde aquí que haya una mayoría tan abrumadora en España que esté a favor del matrimonio homosexual.
—Porque hemos llegado de la mejor manera que se puede llegar: convenciendo.
—¿Cómo ha repercutido esto en el resto de Europa?
—No he parado de hacer declaraciones a medios italianos y franceses. Nosotros estamos convencidos de que esto puede provocar un efecto simpatía, y yo espero llevar mi simpatía personal a la Argentina también. Porque creo que es importante para la gente, para el gay y la lesbiana medios, ver a un hombre o a una mujer homosexual que es concejal, que es miembro de la ejecutiva del Partido Socialista… No por mí, sino por el que lo fuera.
—Todo este debate ha existido a partir de un proyecto de ley presentado por el gobierno, ¿cómo llega a ser este tema parte de la agenda de Zapatero?
—Este proyecto sale del gobierno, en cumplimiento de una promesa electoral de José Luis Rodríguez Zapatero. Es un compromiso que figura bien claro en el programa electoral con el que concurrió el PSOE a las últimas elecciones. Lo que ha hecho el presidente es cumplir con la palabra dada y no fallar. Pero hay que resaltar que si ese compromiso llegó a fomar parte de su programa ha sido por la lucha que durante años han llevado en España los colectivos reivindicativos. Los verdaderos artífices del cambio, quienes han logrado que la mentalidad de este país cambiara, son los hombres y las mujeres que durante tanto tiempo han empeñado su tiempo en defender los derechos de gays y lesbianas, y también en convencer a los partidos políticos para que incluyeran en su programa las reivindicaciones de homosexuales y transexuales. Gracias a la labor de los colectivos hemos conseguido una mayoría social que nos apoya. Hacía falta una mayoría política y parlamentaria, que es lo que ahora tenemos también: este proyecto se aprobó en el Congreso de los Diputados con el apoyo de todos los partidos a excepción del Partido Popular y Unión Democrática de Catalunya.
—Hablando de la historia del movimiento gay español, algunos medios hablan de vos como el padre del proyecto por tu militancia en la FELGT y luego en el Partido Socialista, ¿qué tanto es así?
—Yo me considero y me he considerado siempre uno más. Entre otras cosas porque relaja mucho considerarse uno más, y me gusta. Aquí no ha sobrado nadie; han cabido todos los hombres y todas las mujeres que nos han querido apoyar. El nuestro es un movimiento de reivindicación, transformador, transgresor, revolucionario, donde soy una pieza más. Me ha tocado ponerle voz pero no hubiera podido hacerlo si no hubiera habido mucho trabajo de mucha gente detrás.
—Hablabas de la mayoría social que se evidencia en todas las encuestas. ¿En qué medida este apoyo al matrimonio homosexual se mantiene respecto de la adopción?
—Las encuestas reflejan un menor apoyo a la adopción, cercano al cincuenta por ciento, mientras que en el caso del matrimonio, lo apoyan dos de cada tres españoles. En ambos casos, son apoyos superiores a los que existían en Holanda cuando se aprobaron el matrimonio y la adopción. Pero con respecto a la adopción siempre dejo en claro que no estamos hablando de ningún experimento. En España la realidad homoparental ya existe y los gays y las lesbianas llevamos adoptando como solteros desde 1987 por una ley socialista que sigue siendo la más progresista de Europa. Además, las mujeres lesbianas se someten a técnicas de reproducción asistida desde 1988, gracias a otra ley socialista por la que pueden inseminarse sin tener la tutela de un varón. En España se puede ya adoptar conjuntamente por parte de parejas homosexuales en el País Vasco, Navarra, Aragón y Catalunya, que han podido legislar en esta materia porque se trata de comunidades autónomas históricas que tienen un poco de derecho civil propio (derecho foral). En otras comunidades autónomas donde no se puede legislar al respecto, como Asturias, Extremadura y Andalucía, existe el «acogimiento» de menores por parte de parejas homosexuales, que en términos vivenciales es lo mismo que la adopción. Inclusive en comunidades autónomas gobernadas por el PP como las Islas Baleares también se están entregando menores en acogimiento porque los técnicos que supervisan los procesos que en interés del menor se desarrollan para otorgar los certificados de idoneidad, dicen que no hay ningún problema, que somos tan idóneos como pueden serlo los heterosexuales.
—¿La comunidad científica de España ha dado opiniones respecto de la adopción?
—Todos los informes que se han realizado en España, hechos precisamente a petición del PP, como el que hizo el Colegio de Psicólogos de Madrid con la colaboración de la Universidad de Sevilla, ponen en manifiesto que el desarrollo de aquellos menores que ya se están educando con parejas homosexuales es exactamente igual al de menores educados por parejas heterosexuales. Los sectores reaccionarios apenas pueden presentar algún informe en contra que se ha hecho en alguna facultad de alguna universidad en forma interesada. Pero la mayoría de los informes que existen en Europa, y también en norteamérica –de la Asociación Americana de Pediatría, la Asociación Americana de Psicología, la Asociación Americana de Psiquiatría– , así los que ha encargado el propio Consejo de Europa, ponen de manifiesto que no existe ningún problema en el desarrollo del menor. Y es completamente mentira lo que dicen los sectores conservadores: que de familias homoparentales, hijos homosexuales. Si eso fuera cierto, sensu contrario: de familias heterosexuales, hijos heterosexuales. Mis padres eran muy heterosexuales, todos mis hermanos son muy heterosexuales, y yo soy muy homosexual.
—¿Cuáles son los argumentos de los sectores que se oponen?
—La derecha y la Iglesia quieren utilizar a los menores en beneficio de una postura política de negación de los demás. Lo hacen para darle miedo a la ciudadanía, como lo hicieron en el pasado con otros temas. Yo me pregunto qué hubiera sido de España de haberle hecho caso a la dirección política de la iglesia católica: no tendríamos una ley de divorcio como la de 1981 que tantos problemas ha solucionado, ni hubiéramos tenido una ley de adopción como la que tenemos, ni una ley de técnicas de reproducción asistida, ni la despenalización de los anticonceptivos, ni campañas de prevención del vih, ni campañas de prevención del embarazo no deseado, ni la ley de interrupción del embarazo. Por no tener no hubiéramos tenido ni la Constitución que tenemos: hubiéramos tenido un texto confesional que nos haría estar ahora mismo muy lejos de países como Francia o Alemania.
—Aquí ha habido un enfentamiento entre el presidente Kirchner y la iglesia, porque un obispo ha aconsejado atar del cuello a una piedra y tirar al mar al ministro de salud, por su opinión a favor de la despenalización del aborto…
—Lo he oído. Han dicho siempre lo mismo, no sólo la iglesia católica, aunque a los latinoamericanos ésta nos toque más de cerca. Pero la jerarquía de otras iglesias se ha comportado en temas de libertad e igualdad de la misma forma. La primera vez en la historia que se ponen de acuerdo cuatro grandes religiones en España fue a raíz de este proyecto. La primera vez aquí, como ya pasó antes en Jerusalem para impedir la marcha del orgullo gay. Lo que no han logrado la guerra, el hambre, la exclusión, la lucha contra el sida, la lucha contra la pederastía, lo logran los derechos de gays y lesbianas. ¿Por qué? Porque los dejamos sin discurso. Y porque esto es una lucha de poder donde ellos no quieren ceder terreno en un discurso que defiende un modelo de sociedad donde sólo caben ellos y un sector de la sociedad. No quieren que avance el discurso que defiende gente como yo: el de la sociedad del arcoiris; una sociedad plural, diversa, participativa, paritaria, donde quepamos todos desde la diferencia de cada cual.
—¿En qué medida vos pensás que los españoles católicos que profesan la religión se identifican con estas posturas?
—Yo creo que muchas de las declaraciones que han hecho los obispos en España en los últimos meses abochornan a los propios católicos. Cuando los obispos empiezan a soltar toda esa diatriba de calificativos hacia los homosexuales como virus, epidemia, moneda falsa, partes del eje del mal, yo creo que los católicos sienten vergüenza ajena. Esta reforma que como cumplimiento del programa electoral y con apoyo social y político ha iniciado el gobierno de Zapatero no va en contra de nadie sino a favor de elevar a una categoría jurídica lo que es ya una realidad social. No va contra la iglesia católica, ya que el matrimonio como sacramento queda intacto, ni va contra los católicos, porque aunque no les guste verlo y oírlo, hay muchos gays, lesbianas, transexuales y bisexuales que son católicos practicantes. Y si me apuran, no es ni siquiera una reforma que vaya contra las palabras de Jesús de Nazareth, que como el de todos los profetas fue un discurso de paz, de amor y de justicia.
—La posición de la Iglesia a lo largo de su historia, si leemos a Boswell, no ha sido siempre la misma.
—No. Pero hoy, en un momento en el que al mundo le sobran fundamentalismos, la deriva de la iglesia católica es clara. Se la van construyendo ellos, la actual jerarquía, pero no todos piensan así y es cada vez mayor la asintonía entre esa jerarquía y sus bases. Cuando estuve en el Foro Social Mundial, en Porto Alegre, ví a muchas mujeres y a muchos hombres de Somos Iglesia, de Católicas por el Derecho a Decidir, de Cáritas, que están haciendo una labor importantísima. Los hombres y las mujeres de izquierda hemos coincidido en muchas ocasiones con curas, monjas y gente católica que se ocupa de los más desfavorecidos y los excluidos. Yo empecé a ejercer mi profesión en una parroquia de un barrio de Madrid, con un cura, el padre Enrique de Castro, que era de los que están al lado de los que más sufren. Y creo que ellos, como yo, piensan que otra iglesia que construya sobre la concordia, la paz, el amor, el respeto al prójimo, también es posible.
—¿Tú crees que había, previa a este debate promovido por el gobierno socialista, una maduración en la sociedad española que abría la posibilidad de que se la tradujera en leyes como la que se está discutiendo?
—Eso ha sido posible gracias a un trabajo constante, sacrificadísimo, anónimo, altruista, de tantas mujeres y de tantos hombres durante tantos años a través de los colectivos reivindicativos. Ese cambio de mentalidad en la sociedad española lo logramos los activistas, como antes pasó con las feministas… ¿o tú crees que los partidos políticos incluyen la plena equiparación entre mujeres y hombres porque sí?. Hablo de los partidos de izquierda, que son los partidos que llevan al Congreso las ideas que van cambiando el mundo. Pero a la izquierda ha habido que convencerla también, fue un proceso. Debimos decirles que no se puede ser de izquierda y ser homófobo, como no se puede ser de izquierda y ser machista, porque es incompatible.
—En el debate de la Cámara de Diputados se debatió mucho sobre la relación de este proyecto con la nueva Constitución Europea. ¿Vos creés que esa Constitución plantea un avance con relación al reconocimiento de derechos?
—Sí, por eso muchos de los sectores de la derecha no han querido constituciones. Los constitucionalistas tienen muy claro que no hay Constitución que valga que no tenga su anclaje en el reconocimiento de la dignidad de cada cual; ése es el valor de una Constitución y por eso ésta es nuestra Constitución también, la de los gays y las lesbianas.
—¿Qué plazos tienen previstos para que la ley entre en vigor y comiencen a celebrarse las primeras bodas entre personas del mismo sexo?
—Ahora ya llegó al Senado, y luego del veto que hará el PP allí, yo espero que vuelva al Congreso de los Diputados para su ratificación a finales de junio. Luego habrá un plazo para la entrada en vigor y quizás haya algunos recursos. Yo creo que en el mejor de los casos, podremos estar viendo bodas entre personas del mismo sexo por el mes de agosto.
—Una vez que esto suceda ¿vos pensás que habrá una concurrencia masiva de parejas homosexuales que querrán casarse o será un proceso más lento?
—Yo creo que habrá muchos casamientos rápidamente. Principalmente porque hay homosexuales de una deterninada edad que quieren resolver situaciones extremas, que han aparecido en algunos reportajes. El matrimonio en nuestra sociedad implica mucha protección.
—¿Pensás casarte?
—Siempre he dicho que nuestra lucha es por el reconocimiento de nuestra dignidad, y el reconocimiento de nuestra dignidad lleva implícito tener las mismas obligaciones y los mismos derechos. Y que se llamen de igual forma. No he luchado por casarme ni por adoptar conjuntamente, aunque esta sea la estrella de nuestras reivindicaciones, porque produce un cambio histórico a mi entender revolucionario. Siempre había dicho que luchaba por el derecho al matrimonio para no ejercerlo jamás, pero como por encima de todo soy activista, para provocar a los tribunales ya he presentado hace tiempo mi solicitud de matrimonio junto con Jesús Santos, que es mi pareja. De modo que cuando se apruebe la ley, mi solicitud ya está presentada y contraeré matrimonio como un acto político y también como una manera de expresar mi amor.
—¿Cómo te imaginas las primeras bodas?
—Me las imagino como cualquier boda heterosexual. Algunos tratan el tema como algo frívolo, se plantean si puede causar más o menos gracia la boda de dos hombres o de dos mujeres, como si no fuera más o menos graciosa, seria o ridícula en determinado momento una boda entre personas de distinto sexo. Las bodas son lo que cada pareja quiera que sean. Lo importante en la vida es ser como uno piensa, y no vivir como los demás han querido que vivas.
—Hace un tiempo escribí un artículo en el que recordaba a aquella señora negra que un día de la década del sesenta, en Misisipí, se negó a cederle el asiento a un blanco, y pensaba en cómo la sociedad de hoy se encuentra con ese episodio, muchos sin comprender cómo podían ser así las cosas. Imagínate que viajas veinte o treinta años al futuro. ¿Qué crees que pensará entonces una persona de mediana edad sobre aquellas discusiones que teníamos allá por el 2005 cuando discutíamos si debía permitirse el matrimonio entre personas del mismo sexo?
—Fruto del machismo, pasado el tiempo, a Rosa Parks nadie la recuerda ni sabe nadie quién es. Se acuerdan de Martin Luther King y no de ella. Por eso hay que rescatarla. Seguro que pasado el tiempo todos dirán haber estado, y sólo algunos tendremos la satisfacción íntima de haber luchado cuando había que hacerlo. En el futuro pensarán que todo fue fácil y llegó con tranquilidad y no se acordarán de todas aquellas mujeres y aquellos hombres que han quedado por el camino, con sus juventudes robadas, con sus vidas truncadas, cuando no con sus vidas entregadas. Ha habido en España gays y lesbianas que han sido apaleados, asesinados, y hasta 1978 podía uno ir a prisión por el hecho de ser homosexual. En el futuro esto que hoy estamos aprobando se verá como algo obvio en todo caso. Como dentro de veinte o treinta años espero seguir vivo, seguiré recordando quiénes estuvieron a nuestro lado. Y seguiré diciendo que quienes nos han apoyado siempre a las lesbianas y a los gays, han sido las mujeres heterosexuales: sean madres, hermanas, amigas, compañeras de trabajo, mujeres periodistas que nos abrieron los medios de comunicación o mujeres políticas de izquierda, que son las que han creído en nuestras reivindicaciones y las han llevado a los partidos políticos. Lo seguiré diciendo para que nadie se olvide.
—¿Quisieras agregar algo?
—Sí. Que hemos luchado por la libertad y la conseguimos en 1978, cuando salimos de las cárceles y de los psiquiátricos. De donde no hemos salido es del infierno, aunque yo digo que los hombres buenos van al cielo y los malos vamos a todas partes, y yo prefiero ir a todas partes. Luego de la libertad, pedimos igualdad, y la estamos consiguiendo. Nos olvidamos siempre del tercer principio republicano y revolucionario, que sigue siendo la fraternidad. Con la realización de este sueño –porque estamos realizando un sueño aquí en España–, nos estamos convirtiendo en el escenario de que otra sociedad es posible. Y eso es bueno, porque los países no están sólo para exportar jamones. Exportan también ideas y modelos de sociedad y yo estoy convencido de que para muchos allí en Latinoamérica, siempre les quedará Madrid. Siempre les quedará España como el referente de que los sueños se hacen realidad, de que las utopías son alcanzables, como lo fue «un hombre, un voto», y no digamos «una mujer, un voto». Siempre es posible. Lo que hay que hacer es ponerse por a trabajar día a día, a currárselo y a defenderlo.
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Fragmentos de los discursos pronunciados el jueves 17 de marzo de 2005 en la sesión plenaria Nº 73 del Congreso de los Diputados de España, en ocasión del debate por el proyecto de reforma al Código Civil.
«Se plantea una oposición etimológica a este proyecto, que pretende que las instituciones jurídicas son esclavas de las palabras que las definen y que trazando la genealogía de una palabra o su etimología podemos encerrar un concepto hasta el punto de hacerlo completamente inválido para su modificación por el legislador. (...) Si eso fuera así, el salario tendría que seguir siendo una retribución en especie, en sal, y si eso fuera así la patria potestad no sería accesible a las mujeres, porque la etimología es la que señala la filiación con el padre, no con la madre. La patria potestad hoy es perfectamente predicable de las mujeres porque no ha hecho falta cambiar la etimología de la palabra para introducir esa acuñación lexicológica que sería la matria potestad (...). De la misma forma, ninguna etimología puede encerrar de manera inalterable un concepto que es disponible para el legislador, el concepto que define una relación jurídica con derechos y obligaciones, con sujetos, con contenidos y efectos. Eso es una institución jurídica, eso es el matrimonio, y eso es, por tanto, de lo que debe entender el legislador en esta ocasión.» Del Ministro de Justicia, López Aguilar, con relación a la oposición de los diputados del PP a que el reconocimiento de iguales derechos a las parejas homosexuales se llame matrimonio.
«No creo que ésta sea una buena forma de conmemorar el primer año del Gobierno. Un Gobierno tiene como misión esencial arreglar y resolver conflictos, no crearlos, como hacen ustedes; su obligación es atender las demandas de la sociedad, pero no violentar sus relaciones internas, no violentar su convivencia.». De la diputada Torme Pardo, del derechista Partido Popular.
«Creo que lo que vamos hacer es dar un paso más para liberar de adyacentes y para liberar de efectos perturbadores a lo que nosotros consideramos la institución matrimonial, que está aún cargada de ciertos matices de tabú, de cierta sacralización que, francamente, ni los hombres ni las mujeres tienen por qué soportar. La humanidad avanza precisamente porque hay momentos en que alguien toma decisiones excepcionales.». Del diputado Rodríguez Sánchez, del Bloque Nacionalista Gallego.
«Sencillamente, hay hombres que se quieren entre sí y parejas de mujeres que se quieren entre sí y que pretenden algo tan básico como poderse casar, si así lo deciden libremente. En definitiva, pretenden casarse como en principio el resto de las parejas. Pretenden casarse por amor, que no se ha dicho. Se habla de afectividad tímidamente. Se quieren casar por amor, señorías. ¿Qué les parece? Nos preguntamos dónde está el problema.». De la diputada García Suárez, del bloque Izquierda Unida.


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