5/18/2005

Impunidad


El fiscal Bernardo Schell
y sus acuerdos con los asesinos

Por BRUNO BIMBI.

Anoche no tuve ánimo para escribir. Hoy lo intento, espero que se entienda. El abogado de nuestra familia nos informó ayer por la tarde que Norberto Arsemio Maggi, el asesino de mi hermano Esteban, que debía ir a juicio oral este año, no va a ir a juicio oral.

Parece que el fiscal y el asesino se pusieron de acuerdo y todos contentos. El asesinato de mi hermano no sale más en los diarios, el tema ya fue. Los argentinos cambiamos de tema rápidamente, y ya pasaron cuatro años. ¿Quién se acuerda? ¿Nosotros, la familia? ¿Y qué importamos nosotros?.

"Juicio abreviado" se llama la transa: fiscal y asesino toman un café, hablan un ratito del clima, la familia, y después van al grano... ¿te parece bien cuatro años?... ¿cuatro, tanto?... sí, pero quedate tranqui que con el dos por uno de la preventiva ya cumpliste tres... ¿y tengo que volver a la cárcel un año más?... ¡no, hombre, faltaba más!, te damos una prisión domiciliaria, con permiso de salidas... ¿y eso cómo es?... es como si estuvieras preso, en los papeles, pero en los hechos, estás libre... ah, bueno ¿dónde tengo que firmar?...

Chau juicio oral. La pena por homicidio, según el Código Penal, es de ocho a veinticuatro años. Pero acá se plantaron en cuatro. Cuatro de los que cumplió uno y medio, a dos por uno. El resto en casa: prisión domiciliaria con permiso para salir. Los familiares de la víctima cuyo nombre figura en la carátula en autos (porque ahora mi hermano es eso, el nombre de la carátula en autos, ya no es más un ser humano que tenía diecinueve años, que hoy podría tener una vida) no tenemos derecho a participar de esa conversación. Los de afuera son de palo y esto se arregla entre los de adentro: asesino y fiscal. Ellos están adentro, porque son parte del sistema de impunidad. Uno es el fiscal que lleva la causa de Kosteki y Santillán, un tipo amigo del poder. Se llama Barnardo Schell, su sueldo de fiscal lo pagamos todos. También les pagamos el sueldo a sus cómplices, los jueces Roberto Lugones, Jorge Roldán y Eliza López Moyano. El otro es un ex socio de un intendente duhaldista, un tipo que recaudaba para el poder. Ellos son el adentro. Nosotros somos el afuera. Se toman un café, negocian la pena, firman un acta, y chau Código Penal.

Aunque usted no lo crea, con esta charla de café se evita el juicio oral. Nunca veremos al asesino en el banquillo de los acusados. Acá se terminó. La causa está cerrada y no podemos apelar. El asesino sale libre, y el fiscal también. Los jueces ni hablar. Caso cerrado, que pase el que sigue.

Nosotros, mientras tanto, seguiremos conviviendo con la ausencia de Esteban, que el mes que viene cumpliría veinticuatro años. Era hincha de racing, quería terminar el secundario, trabajaba, era un buen tipo que nunca le hizo mal a nadie. El asesino, un inspector de tránsito corrupto que vendía registros de conducir en forma ilegal, que tenía en su casa un arsenal de armas de guerra, que se profugó ayudado por sus contactos en La Bonaerense y su relación con el actual intendente de Avellaneda, Cacho Alvarez, no irá a la cárcel. Ni siquiera irá a juicio. El fiscal seguirá administrando justicia y ahora veremos qué hace en la causa de Kosteki y Santillán: me temo que tendremos nuevas noticias suyas.

Justicia. Parece que esa palabra vale de una forma para María Julia Alsogaray, Omar Chabán, Menem, Videla, Massera, los asesinos de Cabezas… o el asesino de mi hermano, y de otra muy distinta para los miles de pobres de toda pobreza que pueblan las cárceles sin condena muchas veces por causas menores, porque no tienen un abogado caro, ni contactos políticos, ni quinientos mil pesos para pagar una fianza, ni servilletas con números de teléfono, ni listas de jueces corruptos a los que podrían escrachar, ni amigos en La Bonaerense o en el duhaldismo.

Yo soy garantista, quiero garantías para esa pobre gente, los que muchas veces van presos siendo inocentes, los que tienen apenas un defensor oficial que no tiene tiempo de atenderlos, los que a veces aun cuando son culpables, también son víctimas: víctimas del lugar donde nacieron, de la comida que siempre faltó en la mesa de su casa cuando eran chicos, de la escuela a la que no pudieron ir, de papá que llegaba borracho, de una sociedad que se acuerda de ellos recién cuando los tiene dentro del patrullero. Para ellos quiero garantías y un juicio justo, y cárceles sanas y limpias para rehabilitación y no para castigo, como dice la Constitución.

Pero algunos jueces sólo se acuerdan de las garantías con los presos vip, los que tienen tarjeta de crédito internacional y cuenta bancaria en la Islas Caimán. María Julia tuvo garantías, Chabán las tiene. Para ellos sí.

Ayer, cuando me llamaron para avisarme, escuchaba un cd de Legião Urbana, y me quedé pensando en lo que decía la canción: «Os assassinos estão livres, nós não estamos». Renato Russo siempre tan directo. Nosotros y nuestras miserias, siempre tan obvios.

¿O alguna vez pensé que esto iba a terminar distinto?

3 comentários:

ABovino dijo...

Estimado Bruno:

Soy abogado y profesor y tu nota me conmovió profundamente. Soy, como muchos otros, enemigo del juicio abreviado y solo puedo imaginarme lo terrible que debe haber sido esta experiencia para vos.

Te quería pedir permiso para reproducir parcialmente esta entrada en mi blog.

Un gran abrazo,

Alberto Bovino

Bruno Bimbi dijo...

Hola, Alberto. Recuerdo quién sos, nos conocimos hace mucho tiempo en una reunión, si mal no recuerdo era por la reforma a la ley antidiscriminatoria. Desde ya que puedes publicar cualquiera de mis textos y será un orgullo que estén en tu blog. Te mando un abrazo.
Bruno

ABovino dijo...

Gracias, Bruno. Disculpa que no contesté antes pero me dejaste un comentario en NHD 2, donde no me llega correo avisando. Lo voy a activar.

Un gran abrazo y muchas gracias,

AB