4/19/2005

Ratzinger Papa


Tengan miedo


Por BRUNO BIMBI. Ex-Director de Promoción Cultural de la Municipalidad de Avellaneda


Hace poco leí que las primeras palabras de Karol Wojtila cuando fue elegido Papa y se dirigió a la multitud congregada en la plaza San Pedro fueron «no tengan miedo». Recién, hace unos minutos, mientras veía por la televisión salir por ese mismo balcón al cardenal alemán Joseph Ratzinger como nuevo jererca de la corporación religiosa más poderosa del mundo, pensé que esta vez las palabras adecuadas hubiesen sido: «tengan miedo».

Yo, al menos, sentí miedo. No lo digo como recurso literario: sentí miedo en serio, en la espalda, como frío. Ví a un hombre malo gozando del poder que acababa de recibir. Me acordé de aquel hombre petiso de bigote cortado que saludaba con el brazo derecho en alto. Pensé en Bush en la Casa Blanca y este hombre en el Vaticano. Son sensaciones, las cuento como fueron, más allá de que suenen exageradas. Ahora repasemos las razones.

Este hombre, que hoy eligió pasar a llamarse Benedicto XVI, es el máximo referente de los sectores de ultraderecha más intransigentes y fundamentalistas dentro de la iglesia católica apostólica romana. Es una especie de talibán del catolicismo. Durante su juventud participó de las juventudes hitlerianas, algo de lo que luego se ha mostrado arrepentido en público, y hasta hoy fue el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, originalmente llamada Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, fundada por Pablo III en 1542 para «defender a la Iglesia de las herejías». Es decir, es el hombre que dirige la congregación que proviene de la Santa Inquisición, aquella que fue responsable de los más terribles crímenes cometidos por la Iglesia en su historia.

El cardenal Ratzinger fue en los últimos años uno de los colaboradores más cercanos de Wojtila, junto con el íntimo amigo de Pinochet y ex secretario de estado Angelo Sodano. En la misa pro elección del Papa, celebrada en la apertura del cónclave de los cardenales, pronunció una bajada de línea clarísima sobre lo que debía elegirse (que terminó siendo a él mismo): un Papa que sea un guardián de la doctrina más conservadora, que no cambie nada de la línea doctrinaria que él defendió junto a Wojtila, que combata «el ateísmo y el relativismo». Explicó en su defensa que «tener una fe clara viene frecuentemente etiquetado como fundamentalismo», en lo que algunos medios interpretaron como el siguiente mensaje a los cardenales electores: si me eligen Papa, tengan en claro cuál será la línea que seguiré.

Ratzinger es el más ultra opositor a reconocer los derechos civiles de los homosexuales, a los que se refiere como «personas con un comportamiento desviado». Es un abanderado de causas como el mantenimiento del celibato y la oposición a aceptar la ordenación de las mujeres, pero fundamentalmente es un militante de la lucha contra la despenalización del aborto. Escribió documentos antiecuménicos en los que expuso la doctrina de la supremacía del catolicismo por encima de las demás religiones, afirmando que «sólo la iglesia católica puede ser vía de salvación».

Ratzinger fue el principal responsable de la persecusión contra los curas y obispos cercanos a la Teología de la Liberación, durante los primeros años del reinado de Wojtila, para lo cual el Vaticano contó con el asesoramiento de la CIA durante la presidencia de Ronald Reagan en los Estados Unidos. Es además un defensor del centralismo autoritario dentro de la iglesia, contra las corrientes que piden una mayor apertura democratizante en la línea de las reformas del Concilio Vaticano II, frenadas por Wojtila y su principal colaborador, ahora nuevo Papa.

En una carta a los obispos norteamericanos titulada Dignidad para recibir la sagrada comunión, Ratzinger ordenaba negarles la comunión a los políticos que votaran a favor de leyes permisivas del aborto y la eutanasia y afirmaba que «en el caso de una ley intrínsecamente injusta, como una ley que permite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito obedecerla».

Ha dicho sobre el celibato que «ser vírgenes y saber practicar periódicamente el ayuno es atestiguar que la vida eterna nos espera; mas aun, que ya está entre nosotros. Sin virginidad y sin ayuno, la Iglesia no es ya Iglesia; se hace intrascendente, sumergiéndose en la historia». Sobre el divorcio afirmó en uno de sus escritos que los divorciados que se han vuelto a casar, pero que quieren estar en comunión con Dios, deben «separarse de quien no es su compañero legítimo, y en caso de razones válidas, como la educación de los hijos, aceptar vivir en total abstinencia, como si fueran hermanos y hermanas, con la asistencia prudente y paternal de un confesor, sobre todo en caso de parejas jóvenes». En una de sus más insólitas declaraciones, Ratzinger ha llegado decir que «la música rock es un vehículo antirreligioso».

En noviembre del 2003, el escritor peruano Mario Vargas Llosa publicó en el diario El País de Madrid una nota de opinión en la que se refería a un documento elaborado y firmado por Joseph Ratzinger donde el cardenal alemán hablaba con desprecio de los homosexuales y presionaba a los políticos católicos de todo el mundo para que se opongan a la legalización de los matrimonios o uniones civiles entre personas del mismo sexo. Había firmado Ratzinger entre otras cosas que «reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio significaría aprobar un comportamiento desviado».

Reproduzco aquí algunos párrafos del excelente artículo de Vargas Llosa:

«Lo que más sorprende en el documento sobre las parejas homosexuales que dio a conocer el Vaticano -escrito por el cardenal Joseph Ratzinger y aprobado por el Papa- no es la reafirmación de la doctrina tradicional de la Iglesia Católica que condena el amor entre personas del mismo sexo como 'un comportamiento desviado' que 'ofusca valores fundamentales', sino la vehemencia con la que en él se exhorta a los parlamentarios y funcionarios católicos a actuar para impedir que se adopten leyes que autoricen la unión homosexual o, si se aprueban, para frenar y dificultar su aplicación.«En este caso sí que no parece funcionar para nada aquella sabia distinción evangélica entre lo que es del César y lo que es de Dios: el documento entra a saco en la vida política y da instrucciones inequívocas y terminantes a los católicos para que actúen en bloque, disciplinados y sumisos como buenos soldados de la fe.

«Con la misma claridad con la que ha fulminado el divorcio, el aborto, la eutanasia y la ingeniería genética, el cardenal Ratzinger y, tras él, el papa Wojtyla recuerdan a los parlamentarios católicos que 'tienen los deberes morales de expresar diáfana y públicamente su desacuerdo, de votar contra los proyectos de ley' que amparen los matrimonios homosexuales y de 'presentar enmiendas que limiten los daños' de semejantes leyes. Al mismo tiempo, los funcionarios católicos deben 'reivindicar el derecho a la objeción de conciencia para no cooperar con la promulgación y aplicación de leyes tan gravemente injustas' (...).«Con argumentos así, aderezados con la presencia sulfúrica del demonio, la Iglesia mandó a millares de católicos y de infieles a la hoguera en la Edad Media y contribuyó decisivamente a que, hasta nuestros días, el alto porcentaje de seres humanos de vocación homosexual viviera en la catacumba de la vergüenza y el oprobio, fuera discriminado y ridiculizado y se impusiera en la sociedad y en la cultura el machismo, con sus degenerantes consecuencias: la postergación y humillación sistemática de la mujer, la entronización de la viril brutalidad como valor supremo y las peores distorsiones y represiones de la vida sexual en nombre de una supuesta normalidad representada por el heterosexualismo.«Parece increíble que después de Freud y de todo lo que la ciencia ha ido revelando al mundo en materia de sexualidad en el último siglo la Iglesia Católica -casi al mismo tiempo que la Iglesia Anglicana elegía al primer obispo abiertamente gay de su historia- se empecine en una doctrina homofóbica tan anacrónica como la expuesta en las doce páginas redactadas por el cardenal Joseph Ratzinger.»

Si el reinado de Wojtila fue conservador y significó un retroceso respecto del camino de renovación iniciado por Juan XXIII y seguido luego por Paulo VI, la elección de este dinosaurio al frente de la Iglesia es una pésima noticia para el mundo. La iglesia se ha aferrado a posiciones irreconciliables con la realidad y con la vida de sus fieles. Si Wojtila luchó contra el preservativo y ayudó a propagar el sida, lo mínimo que puede esperarse de Ratzinger es que profundice esa línea. Que siga preocupándose más por condenar a los homosexuales que por condenar a los genocidas y a los señores de la guerra del petróleo, que siga preocupándose más por los «niños por nacer» que por los ya nacidos que se mueren de hambre en el mundo. Que siga combatiendo la teología de la liberación y a los movimientos de sacerdotes comprometidos con los pobres. Más de lo mismo pero peor, de la mano del más fanático derechista que tenía a disposición el colegio de cardenales.

Ver a ese hombre al que hasta su rostro delata en su maldad asomando del balcón que da a la plaza de San Pedro realmente da miedo. Otro liderazgo poderoso y central para el mundo cae en manos de un derechista lunático.

Y también, por qué no decirlo, es una pena: allí en la cúpula de la Capilla Sixtina, la magnífica pintura de Miguel Angel seguirá siendo a los ojos de esta Iglesia la obra de una persona desviada y amoral. Una pintura de un pervertido. Toda una blasfemia.

2 comentários:

F e r n a n d o dijo...

Quería felicitarte por tu espacio, tan aéreo y rico para visitar.
En realidad me hubiera gustado enviarte un e mail para no invadir por aquí.
Sencillamente mi solidaridad para lo que te ha sucedido. Y mi gran admiración por la valentía, que es un bien preciado y bastante envidiado por los que se ocultan en las sombras.

Te dejo un cordial y fuerte abrazo.
Esta nota fue la que más me impactó, por ello decidí dejar mis saludos cordiales aquí, con mi expresión de deseo de que la gente abra los ojos ante este personaje más que siniestro.

Mucha fuerza y adelante!

dellerman dijo...

Vuelvo a leer la nota hoy, casi 4 años después de escrita, a la luz- si cupiera la expresión en este caso- de la readmisión de Williamson a la Iglesia Católica, y los dichos de Ratzinger respecto a la distribución de preservativos para combatir el SIDA. Si bien su pasado ya permitía vislumbrar lo que se venía, ahora los hechos ahora confirman el acierto del premonitorio escalofrío sentido ante la unción de este señor.